La Región de Murcia enfrenta una alarmante realidad en el ámbito de la violencia de género, con un promedio de 22 denuncias diarias, que representan aproximadamente el 4% de las cifras totales registradas en España. Estos datos provienen de la reciente edición del informe titulado 'Violencia de género y empleo’, publicado por el Observatorio de la Vulnerabilidad y el Empleo de la Fundación Adecco, en asociación con 18 empresas.
El informe revela una reducción notable en el número de denuncias de violencia de género en la Región de Murcia, destacando que es la segunda comunidad autónoma con el mayor descenso en este aspecto. En concreto, las denuncias cayeron de 8.898 en 2023 a 8.046 en 2024, logrando una disminución del 9,5%, solo superada por Extremadura, que presenta un descenso del 20%.
La Fundación Adecco menciona que establecer una conexión directa entre el empleo y la protección contra la violencia de género es complicado. Las víctimas no eligen serlo en función de su situación laboral, ya que esta problemática está íntimamente arraigada en el comportamiento del agresor. Sin embargo, el informe indica que el desempleo se convierte en un factor que añade vulnerabilidad a las mujeres afectadas.
Según los datos recopilados, un alarmante 67,8% de las mujeres entrevistadas que experimentaron agresiones no contaba con trabajo en ese momento. Además, el 91% de ellas señala sentirse más vulnerable, dependiente y aislada cuando no tienen un empleo. Esta situación se agrava con la realidad de que el 68% de las mujeres que se encuentran desempleadas han padecido amenazas o presiones económicas vinculadas a su falta de ingresos.
Las tácticas de control por parte de los agresores son evidentes, con amenazas relacionadas con la gestión de los recursos económicos. Esto incluye la retención de dinero destinado a necesidades básicas y el boicot a la búsqueda de empleo. En palabras de Begoña Bravo, directora de Inclusión de la Fundación Adecco, “cuando una mujer que es víctima de violencia de género depende económicamente de su pareja, este puede utilizar esa dependencia para ejercer un control mayor y someterla”. Por ello, la independencia económica surge no solo como una fuente de ingresos, sino como un camino hacia la dignidad y el control sobre sus propias vidas.
Entre las dificultades que enfrentan, el 49% de las mujeres víctimas en desempleo ha estado buscando trabajo por más de un año sin éxito. Las barreras que ellas identifican son variadas, incluyendo la falta de conocimientos sobre cómo buscar empleo (65,3%), la baja autoestima (64,2%), las responsabilidades de cuidado no compartidas (51,7%) y el temor a ser localizadas por sus agresores (46,4%).
Además, un 75% de las mujeres prefiere no hablar sobre su situación de violencia de género durante las entrevistas laborales, debido al temor a que esta revelación pueda perjudicar sus posibilidades de ser contratadas. Los prejuicios todavía existentes suelen asociar a las mujeres víctimas con rasgos de personalidad insegura o conflictiva.
A pesar de estos desafíos, el 72% de las mujeres que han logrado acceder a un empleo consideran que trabajar disminuye la probabilidad de entrar nuevamente en una situación de violencia de género. El trabajo no solo les proporciona una fuente de ingresos, sino que también fomenta la autoestima (87,5%), asegura estabilidad económica (84,2%) y amplia su red de contactos (69,1%).
La encuesta realizada incluyó a 490 mujeres en proceso de superar situaciones de violencia de género, y encontró que el 53% busca activamente empleo como un paso vital hacia su autonomía y recuperación, mientras que el 47% ya ha conseguido un trabajo.
A nivel nacional, las denuncias por violencia de género en 2024 alcanzaron las 199.094, una cifra prácticamente idéntica a la del año anterior (199.282), lo que se traduce en un promedio de 544 denuncias diarias.
Begoña Bravo comenta que, aunque la estabilidad en el número de denuncias podría reflejar un entorno de confianza en la sociedad que fomenta la visibilización de estos casos, también plantea preguntas sobre las barreras que aún persisten y que inhiben a las mujeres de buscar ayuda.
Así, aunque la baja en las denuncias podría estar influenciada por factores temporales, como una menor actividad del sistema judicial, también puede haber causas estructurales en juego, como el miedo, la dependencia económica y la desconfianza hacia el sistema de protección. En este sentido, el trabajo sigue siendo una herramienta fundamental para que las mujeres recuperen su autonomía, seguridad y capacidad para pedir ayuda, al proporcionar independencia económica y una red social que respalde sus proyectos de vida.
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