El dominio musulmán en Murcia comenzó en el año 713, cuando las tropas musulmanas, lideradas por el general Musa ibn Nusair, conquistaron la ciudad tras la batalla del Río Guadalquivir. Esta conquista marcó el comienzo de una nueva era para la región, que pasaría a formar parte del Califato Omeya de Damasco.
La llegada de los musulmanes a Murcia trajo consigo cambios significativos en la sociedad y la cultura de la región. Se construyeron mezquitas, se introdujo la lengua árabe y se fomentó la producción agrícola y artesanal. Murcia se convirtió en un importante centro comercial y cultural en el sur de la península ibérica.
Durante los siglos siguientes, Murcia prosperó bajo el dominio musulmán. La ciudad creció en tamaño y población, y se convirtió en un importante centro administrativo y militar. Se construyeron fortalezas y murallas para proteger la ciudad de posibles invasiones.
Además, la agricultura experimentó un auge en la región, gracias a la introducción de nuevas técnicas de cultivo y la construcción de sistemas de riego. Murcia se convirtió en un importante productor de alimentos y productos agrícolas, que se exportaban a otras regiones de Al-Andalus.
El dominio musulmán en Murcia dejó un importante legado en la arquitectura, la cultura y la sociedad de la región. Muchos de los edificios y monumentos más emblemáticos de la ciudad, como la Catedral de Murcia y el Palacio Episcopal, tienen influencias musulmanas en su diseño y arquitectura.
Además, la cultura árabe tuvo un impacto significativo en la gastronomía de la región, introduciendo nuevos ingredientes y técnicas de cocina que todavía se utilizan en la actualidad. La cerámica y la artesanía también experimentaron un auge durante este período, con la creación de piezas de gran belleza y calidad.
En resumen, el dominio musulmán en Murcia fue una época de gran esplendor y desarrollo para la región. La influencia árabe dejó huellas profundas en la cultura y la sociedad murciana, que perduran hasta nuestros días.