Una granja de Lorca reduce un 40% sus emisiones y marca la pauta europea
Cefusa reduce un 40% las emisiones de amoniaco y gases de efecto invernadero. Su modelo marca la pauta de la nueva normativa europea para granjas.
Una granja de cerdos de Lorca ha logrado recortar un 40% las emisiones de amoniaco y gases de efecto invernadero. Y ahora su modelo sirve de referencia para la nueva normativa europea que afectará a todas las explotaciones porcinas y avícolas del continente.
Hablamos de Cefusa, la empresa ganadera del Grupo Fuertes. Su apuesta por la eficiencia, la digitalización y el aprovechamiento de recursos le ha permitido ganar el reconocimiento del Ministerio para la Transición Ecológica. Lo presentan estos días en la Feria Sepor 2026, también en Lorca.
El secreto está en el tratamiento de los purines. Combinan separación de fases, decantación y biofiltración. Con ello consiguen rebajar las emisiones y depurar mejor los residuos. Los resultados ya aparecen en publicaciones científicas, y el trabajo se hace junto a la Universidad Politécnica de Cartagena.
¿Qué significa esto para la gente de a pie? Que el aire que respiramos cerca de las granjas puede mejorar, y que el olor y la contaminación de los purines es un problema que se está atacando de verdad. Para los vecinos de zonas ganaderas, es una buena noticia si se extiende.
Pero conviene mirar el cuadro completo. La normativa europea IED 2.0 obligará a todas las granjas a cumplir requisitos ambientales más exigentes en los próximos años. Eso supone inversiones y adaptaciones que no todas las explotaciones, sobre todo las pequeñas, podrán asumir con facilidad.
La cátedra quiere ir más allá. Plantea convertir el purín y el estiércol en biofertilizantes para la agricultura regenerativa, y trabaja también en alimentación de precisión, mejora genética y uso de inteligencia artificial. Si se consigue, el residuo se convertiría en recurso.
Qué puede pasar ahora: la norma se aplicará de forma gradual y el ejemplo de Cefusa servirá de guía para el resto del sector. Los vecinos pueden seguir la evolución de las granjas de su zona, pedir información a los ayuntamientos y estar atentos a los controles ambientales. Y el sector tendrá que decidir si adopta estas técnicas a tiempo o se queda atrás.